Partido gris del conjunto verdiblanco, que no ofreció su mejor versión y al que le faltó intensidad, concentración y carácter durante gran parte del encuentro, especialmente en la primera mitad. Desde el pitido inicial se vio a un equipo impreciso, con dificultades para enlazar juego y, sobre todo, sin la agresividad necesaria en la presión. La idea estaba clara, pero la ejecución fue deficiente: se llegaba tarde, mal coordinados y sin convicción, lo que permitió al Balmaseda sentirse cómodo y crecer en el partido.

A pesar de ese contexto poco favorable, el equipo logró adelantarse en el marcador antes del descanso. En una acción aislada, Urko provocó un penalti tras una buena incursión en el área rival. El capitán, Beñat, asumió la responsabilidad desde los once metros y no falló, definiendo con seguridad para poner el 1-0. Un gol que, más que reflejar superioridad, fue un alivio en medio de una primera parte espesa. Con esa mínima ventaja se llegó al descanso.

En el vestuario hubo una seria charla. El cuerpo técnico incidió en los errores cometidos, pero sobre todo en la falta de actitud, intensidad y compromiso que el equipo estaba mostrando. Se esperaba una reacción clara en la segunda mitad, un cambio de mentalidad que permitiera cerrar el partido.

Sin embargo, la reanudación no trajo la mejoría esperada. Aunque el equipo mostró algo más de orden, seguía faltando chispa, agresividad y continuidad en el juego. El Balmaseda, sin hacer grandes cosas, se mantenía vivo y cada vez más cerca del empate. Este llegó a falta de 12 minutos para el final, en una jugada muy protestada por el banquillo verdiblanco por un posible fuera de juego. Más allá de la polémica, el gol reflejaba lo que estaba ocurriendo en el campo.

Lejos de venirse abajo, el equipo reaccionó con rapidez. Apenas unos minutos después, una falta lateral botada por Nico encontró la cabeza de Beñat, que con un buen gesto peinó el balón al fondo de la red para hacer el 2-1. El capitán volvía a aparecer en el momento clave, tirando de liderazgo en un partido complicado.

Cuando parecía que el equipo podría amarrar la victoria, llegó otro golpe. En el último minuto, una falta mal defendida permitió al Balmaseda empatar el partido. Falta de contundencia, de concentración y de tensión competitiva en una acción que no se puede conceder en esos momentos.

Pero el fútbol aún guardaba un último giro. En el tiempo añadido, en una jugada caótica dentro del área rival, el Balmaseda cometió dos manos consecutivas. El árbitro no dudó y señaló penalti. De nuevo, Beñat cogió el balón, asumió la responsabilidad y, con sangre fría, marcó el 3-2 definitivo, completando su hat-trick y dando la victoria al equipo.

Un triunfo que deja sensaciones encontradas. Por un lado, el equipo fue capaz de sobreponerse a un mal partido y sacar adelante el resultado, algo que también forma parte del crecimiento competitivo. Por otro, la imagen no fue la adecuada: faltó actitud, intensidad y compromiso durante demasiados minutos.

Este no es el camino si se quiere competir al máximo nivel. El equipo tiene margen de mejora y debe aprender de este partido para no repetir los mismos errores. Lo positivo es que, incluso en un día malo, se sumaron tres puntos. Pero el mensaje es claro: hace falta mucho más.

Goazen Abadiño! #WeAreAbadiñoKE